La muerte del desánimo

Pero David se animó en Jehová su Dios — 1 Sam. 30:6b

Vuelvo a esta escritura una y otra vez. El contexto: Los amalecitas atacaron a Ziclag cuando solo las esposas y los hijos de David y sus soldados estuvieron. Los amalecitas se llevaron todo el dinero, a las mujeres y a los niños. David y sus hombres llegaron a su campamento a ver solo restos humeantes. Amargados, los hombres de David vocearon de matarlo.

La primera parte del verso dice: David se angustió mucho. A pesar de estas circunstancias abrumadoras, de alguna forma se logró animar.

Un pastor no se muere cuando esté bajo una lápida. Se muere cuando ya no cree para buenas cosas. ¿Se ha estancado tu ministerio? ¿Sigue igual de mal la gente? ¿Las finanzas se han bajado? No dejes que tu estado anímico se caiga con las malas noticias.

En vez de permitir que el desánimo nos mate, precisa matar al desánimo.

El desánimo es el gran asesino de la fe. Una vez muerta la fe, el ministerio languidece implacablemente. Pierde su vitalidad. Ya no hay oportunidad para crecer.

¿Qué trae éxito al ministerio? La capacidad de mantenerse animado. ¿Qué ayuda al ministro a perseverar? La capacidad de mantenerse animado. ¿Qué mueve la mano de Dios en la oración? La capacidad de mantenerse animado. ¿Cuál es la clave de la fe? La capacidad de mantenerse animado.

Quizás sea comprensible tu desánimo. Pero es insostenible. Deberás encontrar la forma animarse en el Señor tal como hizo David.

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