Los pocos, los orgullosos, los cristianos

La oración cambia las cosas

Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. — Gén. 14:14

Con apenas 318 soldados, Abram venció un ejército tan vasto que en realidad comprendía cinco ejércitos distintos. Abram era Hércules antes de que escribían los griegos. Era Rambo antes de que Hollywood lo inventara. Era superhéroe, verdadero guerrero. Confrontó probabilidades improbables y triunfó.

Esta historia tiene que dejarte vibrando con fe. No importa el tamaño de tu ministerio, ¡puedes hacer impensable impacto!

No te midas según el mundo — estadísticas, pesos, asistencia, hits. La UNICA medida que cuenta es la fe que hay en tu corazón. Siempre puedes AUMENTAR tu fe cuando doblas rodilla. La guerra no se gana con números superiores, se gana con oraciones superiores.

Así que mentí de Abram. No era su fiereza, ni su destreza de batalla que ganó. Fue su relación con Dios. Lo que hizo Abram, podemos nosotros también, porque el mismo Dios tenemos.

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