¡Nunca jamás!

Novecientos celotes resistieron hasta lo último en 72 AD contra el invencible ejército romano sobre la cima de una meseta llamada Masada que se proyecta 1,000 pies sobre el desierto desolado de Judea abajo. Con miles de soldados construyendo una rampa de sitio, los luchadores de libertad judía preferieron suicidarse sobre entregarse a sus opresores.

Hoy en día, soldados israelitas culminan su entrenamiento con un ascenso apresurado seguido por un grito grupal que hace éco sobre el valle: ¡Nunca jamás caerá Masada! Es un clamor de guerra para un pueblo que sobrevive rodeado por enemigos.

¿Libramos guerra fiera contra nuestro enemigo el diablo? Masada inspira mayor intensidad en la oración. No podemos conciliar al diablo, ni pedir términos de paz. Ceder terreno al mundo no es opcional. Dios nos llama a extender el reino, no retroceder.

Si tienes ministerio, no te destraigas, no te descarilees. Demasiado está en juego. Inspírate a pelear hasta lo último para las almas. Tú eres demasiado importante para la lucha como para renunciar. Hoy en día no luchamos contra carne ni sangre sino contra principados y potestades  — en la oración (Ef. 6:12)

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