El centurión centenario

Para Jesús, era fe. Pero para el centurión, era simplemente una comprensión de la autoridad. Dos perspectivas distintas. Dos lados de una ecuación. Un resultado deseado.

Porque también yo soy hombre bajo AUTORIDAD, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.– Mat. 8:9-10 RVR

Impresiona a Jesús con tus oraciones hoy. Pero no te preocupes de la fórmula de alquimia para conjurar la fe. Solo medita en la autoridad. Imagínate en un ejército. Después de todo, ESTAS en el ejército de Dios. Cuando se dan los ordenes, hay que cumplirlas. Si no, habrá sanción, hasta juicio en tribuno de guerra.

Cuando oramos, estamos pidiendo que Dios dé la orden. El es el Comandante Supremo del universo entero. Todo tiene que obedecer su capricho. Una vez que dé una orden, hecho está. Ora que dé la orden.

Se impresionó Jesús. El siervo paralizado del centurión se sanó.

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