Papí nuestro, que estás en los cielos

Tal vez estés acostumbrado a orar al “Padre”, pero hoy te animo a orar a “Papí”.

Cuando mis hijos se dirigen a mí como “Papí”, significa mayor amor e intimidad, mayor confianza para conmigo. Soy su amante protector y benefactor. “Padre” suena a mucho respeto, distancia, indiferencia y formalidad. “Padre” funciona para la muerta religión. Pero si quieres respuestas a tus oraciones, “Papí” establece un mejor tono. “Papí” suscita la fe.

Creo que así da a entender Pablo. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! — Gál. 4:6 (Vea también Marcos 14:36 y Ro. 8:15). No te diriges a un imperioso “Padre” caprichoso e impasible sino a un amante “Papí” cuyo corazón late para darte lo que quieres y necesitas.

Cuando mis hijos necesitan zapatos (aunque no tenga dinero), veo que hago para dárselos. Doy a mis hijos cuanto de bien puedo. Prefiero regalar a ellos en vez de a mí mismo. ¿No crees que nuestro Papí en los cielos es así? Yo sí. Hoy dirígete en oración a “Papí”.

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