De la nada

Ante todo, somos prácticos. Pues es natural que buscamos fuentes lógicas de ingreso: diezmo, ofrendas, donaciones, etc. Hacemos la contabilidad con exactitud.

Así que también era natural que los israelitas se quejarían: ¿Por qué nos trajiste aquí al desierto a morir? No había fuente visible de comida en el desolado desierto. Solo matorrales secos, arena, roca, viento y demasiado sol. ¿De dónde sacaban alimentos? La esclavitud en Egipto era insoportable. Pero morir de hambre en el desierto lo superaba.

Dios NO es práctico. Opera fuera de nuestras dimensiones. NO es limitado a fuentes razonables de ingreso. Cuando proveó el maná, lo fabricaba — de la nada. Einstein enseñó E=mc2, es decir la materia se forma de la energía a la velocidad de la luz cuadrado. No sé si Dios utilizó la ecuación de Einstein para crear materia (comida) en el desierto. Pero sí lo sacó de la nada.

Este es la clase de milagro que necesitamos. Urge dinero para necesidades apremiantes. ¿De dónde viene? De la nada. No te desanimes por imposibilidades. Dios traerá el dinero que necesitas y no te preocupes de donde. Como que por arte de magía, lo hace aparecer.

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