La fe tonta

Sara se rió de Abraham. Una generación se burló de Noé. Sin duda, los otros prisioneros miraban incrédulos mientras Pablo y Silas cantaban himnos con llagas frescas. Estos eran tontos para creer.

Señor, concédenos tener fe tonta. Concédenos creer a pesar de la burla.

Por supuesto, hay una diferencia entre ¨fe tonta” y la falta de sabeduría. Concédenos saber la diferencia. Sin preocuparme mucho por darle balance a esta entrada, quiero ensalzar la fe tonta.

Sara dio a luz a los 90 años de edad. Su risa de incredulidad se convertió en risa de gozo. Noé pasó 100 años construyendo el arca mientras pregonaba el diluvio. Nunca se había llovido antes. La tierra se regaba con neblina. ¡Con qué razón nadie le creía! Era un tonto para creer.

Pablo y Silas parecían locos. Sus heridas obviamente dolían. Pero cantaban alegremente. ¿Estaban endrogados?

La fe tonta es la respuesta a las muchas frustraciones del ministerio. Evita que te des por vencido cuando cualquier persona “razonable” podría divisar derrota. Cuando las finanzas escasean y las obligaciones se aproximan, la fe tonta consigue el dinero milagroso. Cuando los retos hacen estremecer, la fe tonta te guarda de la desesperanza. Es quieto, de niño.

Así que deja que se rían. Estás entre héroes bíblicos. Ellos creían cuando parecía una tontería creer.

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