El inconcebible poder de las palabras

Nuestras palabras retienen mucho más poder de lo que reconocemos. Considera a los gabaonitas (Josué 9), quienes por medio de engaño y mentira lograron un tratado de paz con los israelitas conquistadores. Dios prohibió que entrasen en tratado con moradores de la tierra prometida, así que los gabaonitas se fingieron extranjeros de lejos. Si fuera los EEUU, el contrato sería nulo y sin efecto por las falsificaciones.

PERO, Dios obligó a los israelitas a honrar el pacto porque habían jurado con la boca. El concepto que Dios tiene de las palabras es diferente que el nuestro por sumo grado. Pensamos — Solo estoy hablando… — como que nuestras palabras no fuesen más que sonidos emitidos como producto de cuerdas vocales, soplo y formación de boca. Dios se queda con las palabras.

Piensa en la implicaciones para la oración. Lo que sea  que emites de la boca será sostenido por Dios. Ellos hablaron mentiras, no obstante Dios los sostuvo. Tú oras con sinceridad. No tengas duda que tus palabras se cumplirán. Solo es cuestión de tiempo, pero la fe debe ser absoluta. Obviamente, la lengua es más poderosa de lo que conceptuamos.

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