La disciplina: Desencadena tu potencial

Hay dos clases de disciplina: 1) La auto-impuesta, 2) la impuesta por otros. La segunda no sirve. El profesor, el entrenador, el padre o el juez castiga al infractor, quien supuestamente recapacita y redirige su vida. En lugar de eso, resiente y hierve.

Pero la primera es hacedor de toda grandeza: atletas, inventores, gente exitosa, ministros. Somos salvos por gracia, pero no llegamos a héroes sino por mucho trabajo. Avanzamos el reino de Dios solo a través de mucha obra.

No espera que Dios te discipline. Será desagradable. Disciplínate. La salvación es gratis y fácil. Pero hacer el bien y alcanzar bendición se desprende de esfuerzo. Sin la auto-disciplina, tu incalculable potencial se gasta. Desencadena tu dinamismo hoy. La gente se maravillará por tu impacto. Estás destinado por grandeza pero no se ve por la falta de disciplina.

Disciplínate para orar, para estudiar la biblia, para asistir a la iglesia y a compartir compañerismo.

Sin disciplina, los sueños de José se hubiera quedado solo en sueños. Sin disciplina, la visión de Elías para una Israel apóstata no se hubiera pasado la chispa de avivamiento. Golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. — 1 Cor. 9:27 RVR.

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