¿Sin leche? No hay problema.

 

George Muller lanzó un orfanato por un capricho: quiso demostrar a un zapatero que él podría confiar a Dios con sus finanzas. El zapatero no asistía a la iglesia porque decía que tenía que trabajar hasta el domingo para su sustento. Muller le dijo que Dios proveería si asistiera pero el zapatero se negó..

A un principio, Muller oraba que se donara leche y pan, y siempre Dios proveía. En una ocasión, puso a los huérfanos a orar por los alimentos sin que hubiesen. Al terminar la oración, el carruaje de un lechero se quebró en frente del orfanato, así que donó. Un panadero apareció también con suficiente para todos.

Mientras Dios alcanzaba necesidades, Muller, un misionero alemán en Inglaterra en los 1800s, emprendió cada vez mayores retos. Al terminar su vida, cuidaba de 10% de los huérfanos en la nación entera y envió dinero a misioneros alrededor del mundo — aproximadamente  el equivalente actual de $2.7 millones. Sin saber que  Hudson Taylor necesitaba finanzas para recatar a sus misioneros durante el levantamiento de los Bóxers, Muller suplió la necesidad de la Misión al Interior de la China.

Al final de su vida, Muller declaró que era más fácil conseguir dinero de Dios que hombres dignos de recibir ese dinero. Su vida se destacó por la oración intensa y la fe. Más que cualquier otra biografía, la suya me ha inspirado y es la razón de este blog.

 

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