Soy adicto a la oración

 

Empecé a orar — pero a de veras orar — cuando me involucré en la iglesia El Faro de Santa Monica, California. Tenían la oración a las 6:00 a.m. por una hora. Iba porque 1) eso se esperaba de los discípulos en ascenso, y 2) en teoría, sabía que la oración era eficaz.

Sin embargo, mis primeras oraciones — me avergüenzo de admitir, carecían fe. La primera respuesta concreta me sorprendió. Oraba para Blanca, la mediana de tres hermanas, quien estaba en el mundo. Por seis meses, oré para que se salvara. Cuando entró a la iglesia, se me abrió la boca hasta el suelo. Pensé — Blanca, ¿qué haces aquí? ¿No que querías estar en el mundo?

A lo cual replicó el Espíritu Santo: ¿No que orabas por ella? ¿Ahora por qué te sorprendes por la respuesta?

Fue entonces que dejé de ir a la oración por obligación. Iba por convicción. Ya SABÍA que funcionaba. Desde entonces, he visto literalmente miles de respuesta de oraciones. Soy adicto a la oración tal como el drogadicto lo es a su química. Solo quisiera que otros recibiesen la revelación del poder de la oración. Esto es el propósito de este blog.

 

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